Sucedió en diciembre

Sucedió en diciembre

Aquella navidad fue muy especial, no sólo porque la mayoría de la familia se reunió en casa, sino porque Santa Claus nos trajo a mi hermana y a mí todo lo que le pedimos. Mis obsequios eran muy variados, desde un carro de bomberos a control remoto, hasta un juego completo de fichas para armar edificios.

Debo decir que a mi hermana tampoco le fue nada mal, recibió un juego de té y una muñeca muy linda a la que bautizó con el nombre de Marisol.

Esa «mona» (como yo le decía) parecía que estaba viva, pues mientras mi hermana jugaba con sus demás muñecas, era como si a Marisol le dieran celos, ya que casi podría jurarles que cambiaba su expresión facial.

Las leyendas de terror de la muñeca no acaban ahí, pues un día mientras mi hermana salió a pasear con mi mamá, yo me quede solo en casa. De momento, escuché que alguien estaba abriendo desesperadamente los cajones de la cocina. Sin embargo, cuando me asomé ya no había nadie.

Los ruidos continuaron en el estudio, que era el lugar en donde mi hermana tenía sus muñecas acomodadas en una repisa. Me paré cerca de la puerta ocultándome en un pilar y pude ver cómo Marisol tenía un cuchillo afilado en la mano y de una manera brutal comenzó a mutilar a los demás juguetes que allí estaban.

Después de varias horas mi mamá y mi hermana llegaron y lo primero que hicieron fue llamarme la atención, pues creyeron que yo había sido el causante de esos destrozos. Fui con mi mamá a su recámara y le expliqué con detalles lo que había pasado. Por supuesto, ella no me creyó y hasta me castigó.

Las cosas anormales en nuestra casa siguieron sucediendo. Por ejemplo, sin importar el juguete que llegara a nuestro hogar, a los pocos días aparecía destruido.

Un día que me armé de valor tomé a la muñeca y la puse dentro de una pequeña caja fuerte, la cual usaba para guardar mis ahorros. Luego la tiré en el basurero y esperé hasta que el camión limpiara el contenedor.

Por fortuna, no ha regresado a casa, aunque quien sabe, quizás algún día lo haga.

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