Leyenda del Trauco

Leyenda del Trauco

El Trauco es parte de la mitología chilota, es un pigmeo de unos 80 centímetro, con gran desarrollo muscular, un rostro varonil y feo, de mirada dulce, fascinante y sensual, es deforme, tiene una piel gruesa, arrugada y cabello duro y erizado. Afiladas garras en manos que utiliza para escalar árboles, no tiene pies, sus piernas terminan en simples muñones. Viste un raído traje y sombrero de Quilineja, en la mano derecha lleva un hacha de piedra, que reemplaza por un bastón algo retorcido, el Pahueldún, cuando está frente a una muchacha.

Esta criatura es un brujo que provoca enfermedades y puede hacer daño a distancia, siendo capaz de deformar la cara o quebrar los huesos de un hombre con sólo mirarlo, causa jorobas, reumatismo y calambres, entre otros males o la muerte, que puede ser inmediata o, a más tardar, en un año. Si se sueña con él, se contraen 25 males.

Se dice que es hijo bastardo de la serpiente Caicai, nacido de la unión de la rabia que sintió esta serpiente hacia los seres humanos. Vive junto a su esposa llamada la Fiura quien también es su hija, la cual nació de una relación que tuvo el Trauco con la Condená. Con la Fiura tiene varios hijos, que viven en los troncos huecos de los árboles o en pequeñas cavernas y sólo se alimenta de naranjitas.

Él es un ente errante que vaga por los bosques buscando jovencitas vírgenes, esperando colgado de la rama del tique. Si camina sola él Trauco utiliza su mágica hacha y derriba árboles, acorralando a la muchacha para paralizarla mediante su mirada, le sopla luego su aliento a través del Pahueldún, para que caiga en un dulce y plácido sueño de amor. Transcurridas unas horas, ella despierta, baja sus vestidos revueltos, acomoda su cabellera en desorden, abrocha ojales y huye. A los nueve meses nace el hijo del Trauco, su potencia es tal, que en ciertas ocasiones, nada ni nadie puede detenerlo.

Este ser no actúa frente a testigos, pues es declarado enemigo de los hombres aunque estos sean solo los pequeños hermanos que las madres envían junto a las doncellas, para evitar el ataque del Trauco.

Cuando no puede tomar una mujer deja sus excrementos amarillos en la puerta de su casa, enviándole sueños libidinosos en los que las que visita transformado en un joven apuesto o en un religioso. Se deben tomar precauciones ya que el Trauco podría entrar furtivamente a la casa transformado en un manojo de quilineja junto al resto de las ramas, de esta forma esperaría la noche para tomar a su víctima. Cuando las madres sospechan de la presencia de este ser maligno, dejan sobre la mesa al acostarse un puñado de arena seca. Como el perverso personaje se siente atraído a contar los granos de arena, se olvida de las muchachas; y con las primeras luces del alba desaparece por temor a ser sorprendido.

Existen varios conjuros para lograr frenar al Trauco. Si el objetivo es alejarlo, insultarlo es una buena idea. Hay ciertos sobrenombres que no le agradan: Fiura o Pompón del Monte al gritárselos, se ofende y se va, también puede ser alejado mediante la quema de sus excrementos que son amarillos, gelatinosos y sin olor, pero hay que tener cuidado ya que si se pisan o tocan ocasionaran la muerte de las personas. Para contrarrestar el efecto de sus deposiciones, basta con usar un escapulario que tenga en ambos lados dos carbones, dos pares de ojos y dos barbas de cabro.

Para tener una oportunidad de escapar hay que azotar al Pahueldún del Trauco, ya que esto afectaría intensamente a este ser. Si se deja atrapar hay que colgarlo sobre un fogón; donde se convierte en un palo que destila cierto aceite mágico que es un excelente remedio para sus maleficios al frotado sobre las víctimas.

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